Fernando Arturo Subercaseaux, 19 años. Estudiante de Derecho UDP.

Mañana

enero 18, 2009 , Posted by Fernando Arturo Subercaseaux at 11:54 p. m.

Todos alrededor gritan,
todo lo que gira alrededor es un caos
y ni mis manos dan atisbos de serenidad.
No hay tregua en la vida.

Intento emitir un sonido,
pero nadie me escucha.
Me deslizo hacia el abismo,
o colgando de un hilo,
quisiera comenzar todo de nuevo.
Volver a esos tiempos en que nada importaba,
en que no había gloria, y no había muerte,
cuando el adios era incomprensible,
y el amor un iluso inexistente.

La vida no es perfecta,
y aún si lo fuera, no lo sería realmente.
Así como me entrego de por vida por el resto
mi vida misma sucumbe a la ausencia de éstos.
No hay ley, no hay proyecto, no hay campaña,
No hay amigos, no hay familia, no hay iglesia.
Un cortocircuito mental, de cierta manera,
que ni en sueños logro entender.

Quisiera despertar y ver que esto es solo un mal sueño,
ver que mis amigos y familia siguen ahí,
que mis sueños e ideas siguen en pie,
y que no hay mal que por bien no venga.
Pero quizás mañana.
Mañana es un día distinto.

Ver como sin querer me he alejado de mis amigos,
contemplar como todo se congela,
se desvanece o se destruye,
y no poder hacer nada.
Soy como un fantasma.
Ni Dios me resulta sensato,
ni mi Fe me resulta sólida,
ni el mundo me resulta necesario.
Soy como un ente autómata,
programado para querer y ayudar,
pero no para sentir más que al perder,
ni para saber lo que es amar.

Como si para ayudar a algunos tuviera que alejarme de otros,
o si para estar con algunos tuviera que dejar de lado a otros.
El costo de la entrega resulta muy alto,
aunque gratificante casi siempre,
pero la distancia es desgarradora.
Es edificar un rascacielos con las ruinas de otro.

Quisiera que mis amigos volvieran,
que siempre estuvieran ahí,
y recuperar todo el tiempo lejos de ellos,
pero ya es imposible.
Quisiera que mi familia estuviera ahí,
no sólo como mecenas de mi vida,
lejanos y distantes sostenedores,
sino como constructores de la misma.
Quisiera que Dios estuviera ahí,
que la pasión por Cristo que me llena
no sea sólo un sentimiento vago,
que mi Fe sea una base para edificarme,
y no una ayuda inconstante.
Quisiera que quienes se han ido volvieran,
poder abrazarlos y decirles cuanto los quiero,
lo importantes que fueron y lo mucho que los necesito,
y que todo estará bien.

Y quisiera creerte cuando me dices
que todo estará bien,
e intento creerte,
pero no puedo.
Sé que no estoy listo,
pero quizás mañana sí.

Sé que en este momento sólo veo desolación,
y mis amigos se ven tenuemente tras neblinas
y mi familia como una sombra quimérica,
y Dios como una luz distante.
Sé que no es así,
pero mi mente no logra entenderlo.
Mi corazón está intermitente.

Siempre ha sido sobre Ti,
pero termina girando en torno a mí.
Haré lo que tenga que hacer,
pero sólo dame un tiempo.
Déjame sólo un momento.
Quizás no sea tan tarde.

Currently have 0 comentarios:

Dejar un comentario

Publicar un comentario

Gracias por comentar!